Paseo al cerro El Abismo
Al sur de La Gran Sabana se encuentra un pequeño pueblo bohemio con numerosos atractivos turísticos que le ofrecen aventurarse en lo desconocido
Ana Cristina Sosa
asosa@elturiscopio.com
Una pequeña aldea que empezó como caserío a principios de 1960 y fue reconocida como pueblo 25 años después, nos dio una cálida bienvenida, que dio pie a que cerráramos nuestro viaje a La Gran Sabana con broche de oro. Así es el Paují, famoso por su distintiva cualidad bohemia y por el hermoso paisaje que te rodea cuando sobre esas tierras te encuentras parado.
El camino

Este pueblo, conocido también como el más joven de Venezuela, se encuentra a 875 metros sobre el nivel del mar y a 90 Km de Santa Elena de Uairén, completamente al sur de La Gran Sabana. Los primeros 20 Km de la carretera son asfaltados, el resto es un camino de tierra accidentado, para el cual es necesario un vehiculo 4x4.
Los viajeros pueden contemplar una hermosa vista que asombra durante todo el camino. No se pierdan el Chiricayen Tepuy, coloquialmente conocido como “El Indio Acostado” o “La Momia”, también las aldeas indígenas de Maurak y Waramasen, son unas breves paradas que recomendamos para contemplar y conocer un poco sobre la etnia pemón, descendientes de los Indios Caribe.
Un poco sobre el Paují
En el Paují se hace presente un crisol de grupos culturales en los que se encuentran indígenas, venezolanos y extranjeros establecidos allí. Hoy en día el pueblo cuenta con hospedajes, suministros de bodegas, escuelas y atractivos turísticos, tales como El Abismo, Salto El Paují, el Río Cantarrana y los Saltos de Chaberú, entre otros.
Nosotros nos hospedamos en “Achipapai”, el grato y acogedor campamento de Anaceli Giménez y su esposo, el artista Antonio Castillo. Ellos ofrecen sus servicios de camping cuidado sólo en épocas de temporada, y con reservación (llamar al 04162012065). Incluye: baño, manguera, sitio techado, acceso al río, y el mejor de todos, acceso a El Abismo.
Paseo a El Abismo

El paseo hacia el tope del Cerro El Abismo fue nuestra excursión predilecta. Un camino trazado, amigable y liviano de una hora y media, nos llevó a una vista que abrió una ventana hacia el pulmón del mundo: El Amazonas (tanto venezolano como brasileño). Esta montaña marca el final de La Gran Sabana y el comienzo de El Amazonas, es también el final de la meseta donde se encuentra El Paují.
El precipicio que se observa desde la cima es de 300 metros, los árboles que desde arriba parecen miniaturas por la inmensidad de la vista -nos cuenta Araceli- que son de 30 y 40 metros de altura. Sin duda una vista que lo dejará boquiabierto y lleno de asombro.
Buena propuesta gastronómica
Comimos en el recién inaugurado Restaurante El Abismo, cercano al campamento El Vergel que se encuentra al pasar la pista de aterrizaje de El Paují. Esta propuesta gastronómica surge ante la necesidad de una parada acogedora que invite al paladar a disfrutar de comida casera sabrosa. Sus dueños, Manuel Silveira, Alejandro y Andrés Scull tienen pensado más adelante combinar el menú de platos caseros con el de comida más especializada y elaborada como por ejemplo, el Laulau con leche de coco y curri. Este restaurante sólo abre sus puertas en temporadas vacacionales.
Ana Cristina Sosa
asosa@elturiscopio.com
Una pequeña aldea que empezó como caserío a principios de 1960 y fue reconocida como pueblo 25 años después, nos dio una cálida bienvenida, que dio pie a que cerráramos nuestro viaje a La Gran Sabana con broche de oro. Así es el Paují, famoso por su distintiva cualidad bohemia y por el hermoso paisaje que te rodea cuando sobre esas tierras te encuentras parado.
El camino
Este pueblo, conocido también como el más joven de Venezuela, se encuentra a 875 metros sobre el nivel del mar y a 90 Km de Santa Elena de Uairén, completamente al sur de La Gran Sabana. Los primeros 20 Km de la carretera son asfaltados, el resto es un camino de tierra accidentado, para el cual es necesario un vehiculo 4x4.
Los viajeros pueden contemplar una hermosa vista que asombra durante todo el camino. No se pierdan el Chiricayen Tepuy, coloquialmente conocido como “El Indio Acostado” o “La Momia”, también las aldeas indígenas de Maurak y Waramasen, son unas breves paradas que recomendamos para contemplar y conocer un poco sobre la etnia pemón, descendientes de los Indios Caribe.
Un poco sobre el Paují
En el Paují se hace presente un crisol de grupos culturales en los que se encuentran indígenas, venezolanos y extranjeros establecidos allí. Hoy en día el pueblo cuenta con hospedajes, suministros de bodegas, escuelas y atractivos turísticos, tales como El Abismo, Salto El Paují, el Río Cantarrana y los Saltos de Chaberú, entre otros.
Nosotros nos hospedamos en “Achipapai”, el grato y acogedor campamento de Anaceli Giménez y su esposo, el artista Antonio Castillo. Ellos ofrecen sus servicios de camping cuidado sólo en épocas de temporada, y con reservación (llamar al 04162012065). Incluye: baño, manguera, sitio techado, acceso al río, y el mejor de todos, acceso a El Abismo.
Paseo a El Abismo
El paseo hacia el tope del Cerro El Abismo fue nuestra excursión predilecta. Un camino trazado, amigable y liviano de una hora y media, nos llevó a una vista que abrió una ventana hacia el pulmón del mundo: El Amazonas (tanto venezolano como brasileño). Esta montaña marca el final de La Gran Sabana y el comienzo de El Amazonas, es también el final de la meseta donde se encuentra El Paují.
El precipicio que se observa desde la cima es de 300 metros, los árboles que desde arriba parecen miniaturas por la inmensidad de la vista -nos cuenta Araceli- que son de 30 y 40 metros de altura. Sin duda una vista que lo dejará boquiabierto y lleno de asombro.
Buena propuesta gastronómica
Comimos en el recién inaugurado Restaurante El Abismo, cercano al campamento El Vergel que se encuentra al pasar la pista de aterrizaje de El Paují. Esta propuesta gastronómica surge ante la necesidad de una parada acogedora que invite al paladar a disfrutar de comida casera sabrosa. Sus dueños, Manuel Silveira, Alejandro y Andrés Scull tienen pensado más adelante combinar el menú de platos caseros con el de comida más especializada y elaborada como por ejemplo, el Laulau con leche de coco y curri. Este restaurante sólo abre sus puertas en temporadas vacacionales.

